Por mucho que lo digan las matemáticas, el día no dura 86.400 segundos. La rotación terrestre no es tan regular. Y eso provoca un desajuste entre el segundo marcado por los astros y el medido por los relojes atómicos, el estándar oficial. Desde el siglo pasado, para balancear la ecuación, se introducía un segundo de más, llamado intercalar, cada cierto tiempo. Ahora, la Oficina Internacional de Pesos y Medidas (BIPM, por sus siglas en francés) ha decidido decir adiós al segundo intercalar. Desde el año que viene, dejarán que la diferencia entre el tiempo universal (UT1, el astronómico) y el Tiempo Universal Coordinado (UTC por sus siglas en inglés) crezca libremente. Serán las generaciones futuras, cuando esta diferencia se acerque a la hora, las que tengan que solucionar su problema. La Oficina, reunida en Versalles, ha aprobado este jueves adelantar ocho años el fin de estos ajustes, previsto inicialmente para 2035, ante los riesgos que entrañan para los sistemas de sincronización horaria y la rápida evolución tecnológica.

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