En esta conmemoración de los 58 años del movimiento estudiantil de 1968, en México (1968-2026), las imágenes que recuerdo de las mujeres que vivieron los hechos de ese año son emotivas, reflexivas y variadas, y son motivo para rendir un sencillo y significativo homenaje a todas ellas quienes están en nuestra memoria, aunque ya no estén físicamente, la mayoría, con nosotros.

Comienzo esta breve descripción con lo que observé de mi madre, Margarita, quien gritaba en esos días a los granaderos que no agredieran a las y los estudiantes, que sólo protestaban y que no eran delincuentes. Eran sólo jóvenes alumnas y alumnos de escuelas prevocacionales (secundarias técnicas), vocacionales, preparatorias o de educación superior.

Recuerdo también cuando ella misma lanzó cubetadas de agua caliente por la ventana de nuestro departamento, desde un cuarto piso, como lo hicieron muchas otras vecinas y vecinos, para evitar que los granaderos avanzaran para golpear a estudiantes.

Está presente en la memoria aquella señora que quedó paralizada, por pánico escénico, en el momento que iniciaron los disparos en la Plaza de las Tres Culturas, la fatídica tarde del 2 de octubre, y que enseguida recibió ayuda de mi madre y de otro joven, quienes la llevaron a la puerta de su departamento en el edificio estado de Hidalgo.

En Tlatelolco había dos escuelas del Instituto Politécnico Nacional (IPN): La Prevo 4 y la Vocacional 7. Por lo tanto, algunas de nuestras vecinas estudiaban en esos planteles, a pesar de que en muchos hogares no había suficiente apoyo para que se prepararan o se formaran más allá de la educación secundaria.

Tengo presentes a las niñas del cuadro (jardín de juegos infantiles) de los edificios Chiapas, estado de Hidalgo, Durango, Querétaro y Guanajuato, amigas y vecinas o compañeras de la escuela primaria “Nicolás Rangel” o de la Secundaria No. 16 “Pedro Díaz” con quienes convivimos por muchos años: Xóchitl, Betty, Malena, Lucero, Fabiola, Sonia, Lorena, Berenice, Cony, Elvis, Normita, Marina, Lulú, Celia, Laura, Tere, Angélica, y las hermanas Malena y Marilú, entre otras.

No olvidó a mis queridas vecinas del edificio Durango, donde vivíamos, que estaba ubicado atrás del edificio Chihuahua: la señora Bertha, la señora Belén, la señora Rita, la señora Chela, la señora Margarita, mamá de Manuel, el Güero; o la señora Marina, entre muchas más, que vivieron la angustia de no ver a sus hijos e hijas durante horas desde de que inició “la balacera” (así es como las y los vecinos le decíamos a los hechos del 2 de octubre, en Tlatelolco) hasta la noche o al día siguiente de la masacre.

Y recordar cuando Pedro, un joven de secundaria e hijo de la señora Belén, vecino del Durango, resultó herido en la cabeza esa terrible tarde, y a quien las madres vecinas apoyaron y se movilizaron para conseguir donadores de sangre, con lo que salvo la vida.

Inolvidables son las imágenes de las estudiantes que participaron en la dirigencia del movimiento estudiantil, ese año, como representantes de sus escuelas o como integrantes del Consejo Nacional de Huelga (CNH): La Nacha, Adriana Patricia, La Chata, Myrthokleia, La Tita, Rosa María, Eugenia, entre otras (de entre 350 dirigentes o representantes al CNH, sólo había 35 mujeres). De hecho y sobre el tema, existe un libro “1968: Las mujeres del CNH”, de Elizabeth Montaño (2023), que es una obra editada y publicada por el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM).

Están en la memoria también las valientes profesoras o académicas que se sumaron a la protesta estudiantil y que caminaron juntas con sus alumnas y alumnos en las calles de la Ciudad de México, en 1968: Annie Pardo, Efigenia Martínez, lo mismo que Tere, esposa de Heberto; Artemisa, esposa de Eli de Gortari; o María Luisa, esposa de Fausto Trejo, entre otras.

Conocí a algunas enfermeras y médicas, cuyos nombres nunca supe, pero que atendieron incondicionalmente a estudiantes, vecinas y profesoras heridas durante el movimiento estudiantil o en los hechos violentos de ese año. Una de las vecinas de Tlatelolco que fue herida con una bala en una pierna fue la hermana de Leopoldo “El Pollo”, cuya familia vivía en alguno de los edificios cercanos a la Voca 7: el Atizapán, el Aguascalientes o el Guelatao.

En el vivo recuerdo están las amas de casa y vecinas de Tlatelolco que desafiaron al ejército al colocar flores y veladoras en la Plaza o a un costado de la parroquia de Santiago Apóstol desde el día 3 de octubre y durante los días conmemorativos de muertos, en noviembre de 1968.

Son también inolvidables las artistas, madres, esposas, hijas, hermanas, trabajadoras, maestras, periodistas y escritoras, (Elena Poniatowska, Oriana Fallaci), entre otras, que participaron, o las empleadas del gobierno federal o del gobierno del D.F., que fueron solidarias con el movimiento.

Mujeres que fueron empáticas con las y los estudiantes y profesoras-profesores en lucha, que se la jugaron con energía, creatividad e irreverencia, que protestaron en contra del autoritarismo social, cultural y gubernamental prevaleciente en esos años, y que también se manifestaron públicamente con conciencia ciudadana en la defensa de los derechos constitucionales y, específicamente, por los derechos políticos y humanos.

*Texto que será leído durante los conversatorios titulados: “La participación de las mujeres en el movimiento estudiantil de 1968”, que tendrán lugar en la UPN, Unidad Querétaro, los días 29 de septiembre, 1 y 2 de octubre, 2026, de 10:00 a 12:00 horas.

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