He escrito en colaboraciones anteriores sobre la libertad de publicación, como una extensión natural y fundamental de la libertad de expresión, consagrada en la Declaración Universal de Derechos Humanos. Como uno de los baluartes de una sociedad democrática, informada y participativa.
Las libertades de expresión y de publicación son elementos esenciales para una democracia funcional. Uno de los primeros síntomas de un régimen autoritario es que suprime estas libertades, con el afán de controlar la comunicación y el tipo de información que puede llegar a los ciudadanos, convertidos con triste frecuencia en súbditos de un poder absolutista.
Sucede alrededor del mundo, en muchos países. Por supuesto en México no estamos exentos. Lejos de ello, nuestro país está calificado como uno de los más peligrosos en el mundo para ejercer el periodismo. Así lo clasifica Reporteros sin Fronteras, que da cuenta de más de 150 asesinatos de comunicadores en los últimos años.
Un país en donde hemos normalizado normalizado que un senador de la república amenace públicamente a un comunicador con "vamos a ir por ti". Un país en el que se difama y se denuesta todos los días, desde el púlpito presidencial, con todo el poder del estado, a periodistas, intelectuales o a cualquier persona que opine diferente del régimen.
En este contexto, porque de ninguna manera puede considerarse un hecho aislado, se da el caso de "Gloria de los Ángeles Treviño Ruiz vs. Penguin Random House Grupo Editorial, S.A. de C.V.", en el que el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) impuso una multa de cientos de miles de pesos a la editorial Penguin Random House por haber utilizado el nombre y la imagen de Gloria Trevi en un libro de investigación periodística titulado "Todo a la luz".
Efectivamente, hay provisiones en la Ley Federal del Derecho de Autor que protegen, con razón, a las personas, en especial a los artistas intérpretes o ejecutantes, de una posible explotación comercial ilegal de su imagen y su voz, pues de eso viven. La voz de un artista, intérprete o ejecutante equivale al texto escrito de una autora literaria.
Sin embargo, al determinar el IMPI que Penguin cometió una infracción en materia de comercio e imponerle una sanción estratosférica, se nota que sus expeditos funcionarios, prestos a imponer sanciones, no leyeron bien la ley y su reglamento.
El artículo 74 del Reglamento de la Ley Federal del Derecho de Autor dice a la letra: "Para los efectos de la fracción II del artículo 231 de la ley, no constituirá infracción en materia de comercio la utilización de la imagen de una persona sin la autorización correspondiente, cuando se realice con fines informativos o periodísticos o en ejercicio del derecho de libertad de expresión".
El trabajo de los periodistas no es el de halagar o adular a las personas con fama o poder económico o político, sino de llevar a cabo investigación crítica e informar a la opinión pública de sus hallazgos. Lo hacen por diferentes medios de comunicación, con frecuencia a través de la publicación de un libro.
Este es, sin duda, uno de los pilares de una sociedad democrática. Las libertades de expresión y de publicación no son tan solo un derecho humano fundamental, sino el cimiento mismo de una sociedad democrática y plural.
En las autocracias, las voces disidentes son combatidas y acalladas. En Nicaragua a los disidentes se les despojó de su ciudadanía y se les obligó al exilio. En Cuba los críticos al régimen son encarcelados y en Rusia, asesinados.
México no está libre de violencia. En un país en el que se asesina a periodistas con una frecuencia inaudita, en el que las voces críticas, como la de María Amparo Casar y muchas otras, son hostigadas cada mañana desde la Presidencia de la República, donde se hacen públicas listas de comunicadores incómodos para el gobierno, donde los ciudadanos son obligados a disculparse públicamente por criticar a políticos corruptos, la sanción del IMPI sabe a censura.
La editorial Penguin Random House está comprometida con la labor de entretener, con sus obras de ficción, pero también de informar verídicamente, a través de sus libros de no ficción. Ha publicado muchas obras incómodas para personas poderosas y ha enfrentado censura creciente, pero nunca se ha dado por vencida.
Otro elemento interesante es que la ley establece que, para que se pueda determinar una sanción, debe haber lucro directo o indirecto. Eso es importante, para evitar la "piratería" del trabajo de artistas intérpretes o ejecutantes.
Sin embargo, probar que Penguin está lucrando con la imagen de la señorita Treviño está cuesta arriba. En primer lugar, una empresa como Penguin no lo necesita, pero además la editorial no se colgó del nombre de la artista para engañar y obtener un lucro indebido. Sencillamente aparece su nombre en un trabajo de investigación periodística. A ver si luego no la tenemos que llamar también "dato protegido".
Por supuesto que una editorial vende sus libros y obtiene ingresos por ello (aunque no siempre ganancias), como cualquier empresa que ofrece productos o servicios. Eso es lo que a los editores nos permite seguir publicando la creación del intelecto de miles de autores.
Sin embargo, este asunto va mucho más allá de los intereses de una empresa en particular. Si esta injusta sanción se mantiene, se acabó el periodismo de investigación en México. Sentaría un precedente de censura gravísimo.
De esta manera, poco a poco, sin que nos demos cuenta, se van cerrando todos los espacios de pensamiento crítico y disentimiento, a favor del pensamiento único promovido por el estado.
En estos tiempos, en los que se nos miente todos los días, es difícil saber a qué atenerse. Ya lo decía Hannah Arendt: "Mentir constantemente no tiene como objetivo hacer que la gente crea una mentira, sino garantizar que ya nadie crea en nada. Un pueblo que ya no puede distinguir entre la verdad y la mentira no puede distinguir entre el bien y el mal. Y un pueblo así, privado del poder de pensar y juzgar, está, sin saberlo ni quererlo, completamente sometido al imperio de la mentira. Con gente así, puedes hacer lo que quieras."
No permitamos que el poder haga con nosotros lo que quiera. Mantengamos nuestra capacidad de pensamiento crítico y defendamos la libertad de expresarlo. Es nuestro último bastión frente al autoritarismo.





