Pocos podrían creerlo, pero el teatro y el futbol son más parecidos de lo que se piensa: hay supersticiones antes de salir, “jugadores” con egos grandes o solidarios, así como ensayos-entrenamientos comandados por un director que asemeja a un entrenador.

Y si hubiera una liga mundial de teatro, el nacional de la Ciudad de México rivalizaría sin problema con potencias como el de Buenos Aires (Argentina) y Londres (Inglaterra).

El ejemplo de todo esto son Martín Altomaro y José María de Tavira, el primero Chiva de corazón y el otro ferviente seguidor del Hull City de Inglaterra, país donde vivió un tiempo, quienes han recorrido el pasto de las canchas futboleras y el piso de los escenarios teatrales.

Martín jugaba de delantero y a veces como creativo “10”, pero una lesión en las rodillas lo alejó por completo de las canchas; José María sigue aún desparramando su talento como “5”, es decir, mediocampista defensivo o pivote, aunque también es un buen lateral. Y con la misma pasión viven la actuación al ser convocados a escena.

Así que no es raro que ahora estén a punto de estrenar una obra con temática futbolera titulada No fue penal, basada en textos de otro loco por el balompié, Juan Villoro, dirigida por Antonio Castro.

En la puesta que estrenará este 6 de octubre en el Foro Lucerna, Martín interpreta a un exjugador y ahora director técnico de un equipo que se está jugando el descenso en un partido donde el VAR (arbitraje) está a cargo del personaje de Chema, otro exjugador que se retiró por una lesión.

“Esta es una obra que ocurre en el mundo del futbol, pero trata sobre los afectos. Estos dos personajes tienen una viejísima amistad que se tiñe de tragedia y entonces terminan en un lugar muy desafortunado, de rencor y de pensar que el otro te odia”, cuenta Castro.

“La obra son unos monólogos simultáneos que luego se vuelven conversaciones, donde estos hombres chapados a la antigua, que no están acostumbrados a hablar para sacar sus sentimientos. Hay una jugada que puede cambiar el destino de los dos”, abunda el también seguidor del equipo Guadalajara.

En concentración

No bien había acabado el Mundial de Futbol y la pasión por la selección, cuando los tres comenzaron la pretemporada de la obra.

La plática con EL UNIVERSAL se desarrolla en un salón ambientado con pasto verde artificial, donde se delimita la zona técnica en la que deambulará el entrenador, y un segundo nivel con una silla, para destacar el área de VAR.

Antes de la entrevista hay varios minutos de plática futbolera, en la que Martín recuerda los campeonatos de sus Chivas.

Chema de Tavira considera que la liga mexicana es asquerosa por varias razones, entre ellas el no descenso, y Antonio recuerda al escritor Eduardo Galeano, quien decía que una persona podía cambiar de pareja, religión y sexo, pero jamás de equipo.

“Así son los ensayos, para que vean qué nivel vamos a manejar“, bromea Altomaro.

Y como varios futbolistas, ellos también tienen algunas cábalas o supersticiones antes de entrar a un escenario.

“Trato de llegar mucho antes y darle una recorrida a todo el espacio, pero también veo lo que hice ese día y tratar de hacer lo mismo después”, revela Martín.

Chema asegura que el futbol le ha dado lecciones de vida, sobre todo en reconocer a las personas. Si el juego debe ser en equipo y se va viendo cómo son los compañeros, en una obra igual.

“Una manera perfecta de conocer a una persona es adentro de una cancha. Sabes quién es el egoísta, el que no se sacrifica por el equipo, el traicionero, el que juega con todos y no falla”, considera.

Si tuvieran que hacer una analogía entre un recinto teatral y un estadio emblemático como el de Wembley o el antiguo Azteca, Martín no duda en mencionar a la Sala Juan Ruiz de Alarcón de la UNAM.

“Hay una cosa que se vive ahí, que te sientes parte del lugar, entras con una familiaridad absoluta”, señala el actor, quien ahí personificó la obra histórica 1822.

Chema lanza que, en general, si hubiese una Liga Mundial de Teatro en el Mundo, el que se ejecuta en la Ciudad de México estaría en el primer nivel junto al de otras metrópolis importantes en ese rubro como Buenos Aires y Londres.

“Aquí hay calidad en todos niveles, puede competir con todos”, enfatiza.

No fue penal, producida por Península Films, tendrá una temporada de dos meses, con funciones entre semana hasta finales de noviembre.

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