Si las máscaras de luz roja te han llamado la atención en redes sociales, vale la pena conocer sus alcances antes de comprar una. Según Mejor con Salud, esta tecnología cuenta con respaldo científico, aunque conviene entenderla como un complemento del cuidado facial y no como una promesa de transformación.
Estos dispositivos emiten luz roja que puede estimular procesos celulares vinculados con el colágeno, una proteína importante para la firmeza y elasticidad de la piel. Algunos también incluyen infrarrojo cercano. La referencia señala que la Academia Estadounidense de Dermatología recoge estudios con resultados prometedores, pero eso no garantiza que todas las máscaras tengan la misma eficacia.
Entre los beneficios posibles están una menor visibilidad de las líneas finas y mejoras en la textura, la elasticidad y la luminosidad. También podrían disminuir ciertas rojeces, aunque la respuesta varía entre personas. Las arrugas profundas, en cambio, no desaparecen en pocas semanas con estos aparatos.
Para utilizarlos en casa, comienza con el rostro limpio, seco y sin maquillaje. Revisa las instrucciones del fabricante sobre protección ocular, duración y frecuencia de las sesiones: prolongarlas no significa obtener mejores resultados. Después puedes aplicar tu hidratante habitual y mantener el uso de protector solar durante el día.
La constancia importa, porque los posibles cambios suelen requerir varias semanas. Aun así, la máscara no sustituye el protector solar, los retinoides indicados por un profesional ni los tratamientos para el acné, las manchas u otras afecciones. La recomendación recogida de la Academia Estadounidense de Dermatología es consultar con un dermatólogo antes de comenzar; esta información tampoco reemplaza la atención profesional.
Fuente: Mejor con Salud. Redacción: Positiva+ Canal.





