El guion cinematográfico “Con la espada de mi boca”, una crónica de las luchas campesinas por las tierras de Ahuatepec, Morelos; el cuento “Nunca mates a nadie, siempre hay dos ojos que te ven”, que recrea la visita del gangster mexicano “El Gato” Gurrola; y la alegoría “Interoceánico”, una severa crítica a los intelectuales.

Éstos son los tres textos completos de los 14 inéditos, la mayoría inconclusos, que la novelista, cuentista y dramaturga mexicana Elena Garro (1916-1998) “dejó en el tintero” y que forman parte del acervo de la biblioteca Firestone de la Universidad de Princeton.

La investigadora y catedrática Patricia Rosas Lopátegui (1954) recuperó estas obras para reunirlas en su libro “Secuelas del patriarcado” (Editorial Espinas), en el que las presenta clasificadas como narrativa, dramaturgia y guiones cinematográficos confeccionadas durante las décadas de los 50, 60, 70, 80 y 90.

“Descubrí a una Elena Garro nueva, que sigue dando sorpresas. Una escritora con una pluma concisa, que aborda temas diversos, no autobiográficos, en los que busca ya no tener finales realistas”, afirma en entrevista con Excélsior la biógrafa de la autora de “Los recuerdos del porvenir”.

La profesora de la Universidad de Nuevo México (Estados Unidos) comenta que Garro hace, en “Con la espada de mi boca”, un registro, un recuento, de lo que fue la contienda por las tierras de Ahuatepec.

“Se involucró en la lucha de los comuneros a finales de 1956. Les habían robado sus tierras. Finalmente, ganan la propiedad en un juicio en 1959. Y, por este activismo, es expulsada de México. Sobre este caso escribió cuatro crónicas periodísticas, pero la mirada que da en el guion es muy diferente, más creativa. Es un texto extenso y detallado que incluye las traiciones entre ellos”, explica.

La especialista agrega que en “Nunca mates a nadie, siempre hay dos ojos que te ven”, la primera esposa el poeta Octavio Paz (1914-1998), único Nobel de Literatura mexicano, narra una anécdota simpática pero espeluznante.

“Es irónica y jocosa, pero con una crítica punzante y reveladora. Es una anécdota que sucedió en el hogar de los Paz-Garro en París. De pronto llegó a visitarlos un gangster mexicano llamado ‘El Gato’ Gurrola; era un mercenario, un asesino a sueldo. Parece que era un amigo de la infancia de Paz. Pero no sé sabe realmente. Lo presenta como un ‘thriller’”, añade.

Y el tercer texto completo, “Interocéanico”, es algo singular, dice. “El macanuscrito es una página tamaño oficio, casi sin margen. Está redactado desde arriba hasta abajo; incluso, la última palabra está dobleda, da la curva, porque se acabó el papel, pero ahí termina. Es una crítica fuerte al intelectual que vende su pluma, a los izquierdistas de café, como Elena los llama”.

La egresada del Tec de Monterrey destaca que, “al revisar los textos y los años en que fueron confeccionados, me di cuenta de que las razones por las que no concluyó un sinfín de obras y no logró publicarlas fueron las distintas vertientes del patriarcado.

“Por un lado, la autocensura que ella se imponía ante las replesalias de Paz; y, por el otro, el Estado mexicano, su censura, fue un gran factor que determinó la producción de Garro”, señala.

La estudiosa define a Paz como machista, autoritario, narcisista, ególatra. “Soy dura con él porque, al estar cerca no sólo de la obra creativa de Elena, sino de sus diarios, su correspondencia, de su voz en la intimidad, he visto lo que padeció; por eso me surgen estas palabras, que corresponden a la realidad que vivió al lado de su marido.

“Cuando Garro se casa con Paz, en 1937, se coartan todos sus proyectos artísticos. Ya no puede escribir y mucho menos publicar. Queda confinada a los roles tradicionales de la sociedad patriarcal. Permanece silenciada durante 20 años. En 1957 se da a conocer como dramaturga. Pero desde 1953, cuando regresan a México, ya traía ‘Los recuerdos del porvenir’, que publica hasta 1963”, apunta.

Lopátegui concluye que, a pesar de la censura, la persecusión por ser activista y de la pobreza del exilio en Estados Unidos, España y Francia, la vena creativa de Elena Garro permeneció inacta.