La lucha por su libertad personal, sexual y artística, y la fortaleza de sobrevivir a la pobreza y a la guerra, marcaron la vida de la pintora polaca y baronesa Tamara de Lempicka (ca.1898-1980).
De la Rusia zarista, el exilio en París y la huida a Estados Unidos, la artista conoció una Cuernavaca (Morelos) liberal y cosmopolita en 1974, donde la representante del art-déco decidió vivir sus últimos años y pidió que sus cenizas fueran esparcidas sobre el volcán Popocatépetl.
La historia de esta mujer irreverente que, “pese a todos los corsés, sobrevivió y se inventó a sí misma”, inspira la nueva novela del escritor Pedro Ángel Palou (1966), Tamara (Planeta).
Su vida permite contar todo el siglo XX y las culturas de muchos países: Moscú, San Petersburgo, su escuela en Varsovia, sus viajes de adolescente por Italia, su exilio y estudios en París, su trabajo en Hollywood y Nueva York y, finalmente, Cuernavaca, su gran remanso de tranquilidad”, afirma en entrevista.
“Ella fue formada en esa oligarquía polaco-rusa para casarse, asistía a bailes para presentarse en sociedad, su familia pagó una dote para su casamiento con Lempicki. Tuvo una hija con él.
Pero el vendaval de la historia le pega varias veces. La Revolución bolchevique hace que su familia se exilie. Y ella descubre que hay otro mundo. Primero, a través de la pobreza, porque en París no tenía ni para comprarle leche a su hija”, dice.
“El esposo no ata ni desata. Era un riquillo, hijo de banqueros, que nunca pudo sobrevivir en el exilio. Ella diseñaba sombreros, ilustraba revistas de moda, estudió en la Academia de Bellas Artes y se hizo pintora. Al principio tuvo que firmar como T. Lempicki, en masculino, para poder exhibir y vender sus cuadros”, detalla.
El catedrático de la Universidad de Tufts dice que, además, Tamara “se atreve a ser la primera mujer en pintar desnudos femeninos, y mujeres besándose entre ellas, y termina convirtiéndose en la máxima exponente pictórica del art déco”.
Dice que le gustó Cuernavaca porque estaba lleno de exiliados europeos y artistas estadunidenses.
Se vive plena libertad, la gente puede amar a quien quiera y hacer de su vida lo que quiera. Está el Círculo Feminista Lésbico Ácratas, de Marcela Olabarrieta, y las primeras operaciones transgénero que se hacen en México, prohibidas en Estados Unidos.
“Varios de los amigos más íntimos de Tamara son gay. Encuentra una profunda libertad sexual que le evoca al París donde se formó. Al final de su vida volvió a una ciudad que, con otro ritmo, le permitió tener cómplices”, agrega.
El ensayista considera que viene un renacimiento de la pintora.
Está más vigente que nunca. Se ha vuelto un icono queer. En San Francisco se hizo una retrospectiva de sus dibujos y viene una nueva biografía en polaco. Además, la Embajada de Polonia hará a finales de octubre una exposición suya en Cuernavaca”.
Tamara se presentará el 5 de diciembre en la 40 Feria Internacional del Libro de Guadalajara.




